UN MITO Y SU INSPIRACIÓN.

(Psique y Cupido)

“LA HEROÍNA O EL DESEO DEL ALMA”

Caminaba como la fina lluvia de otoño, mensajera de un clima llegado para quedarse. Un deslizamiento acompasado pregonaba su estado de ánimo. La habitación a la que se dirigía la esperaba; sólo la conocían su leal Blanquita y él. Al entrar, dibujaron su piel los arabescos que los rayos del sol proyectaban al atravesar las cortinas. La visión de los segmentos de la luz solar y la de esos objetos amistosos se arremolinaron en un halo que la penetró, con familiar consuelo. Casi podía decir que la reconstruyó por dentro.

Se preguntó: ¿Qué había cambiado? Afuera de esa puerta todo seguía igual y... ella sabía que llegaban tiempos de dejar atrás, cambiar, despedirse. De tantas, de cuantas, de qué situaciones. Debería decidir. Por alguna razón; ¡Qué costumbre lo de la razón! No muchos como ella sabían que la razón servía para demasiadas pocas oportunidades. Lo cierto es que ese lugar le daba paz. Sí, también esperanza y sobre todo fé. ¡Esa, su gran compañera! Casi en sobresalto se dio cuenta que ese lenguaje interno nada tenía que ver con el que usaba habitualmente para manifestar sus ideas, dirigir, hacerse entender. Este era un idioma preciso, aunque algunos opinaban que tenía tintes de particular dureza. Recién ahora se daba cuenta que ese tinte de su lenguaje era fruto de sus heridas, y, la desgastaba hasta el agotamiento. Su alma no soportaba ya ese titánico esfuerzo... Su cuerpo ya se lo había hecho saber.

Junto a una de las ventanas, la oval, su lugar favorito la recibió... Sin prisa, sus manos tomaron contacto con esos objetos, vivos compañeros de otras tantas horas. Aquellas también cargadas de sentido. Se detuvo en una textura de cuero granulada, elevó sus párpados superiores y compuso la imagen con color rojo y letras doradas.

Un apagado aroma de texto antiguo, le recordó el presente de aquel amigo ya ausente, que había colocado en sus manos ese libro. En su tapa, una dorada caligrafía prometía un contenido que a ella siempre la sobrecogía: “Tres mil años de Amor”. ¿Porqué él se le aparecía siempre en vitales momentos?... Habitualmente práctica, optó por alejar esa vía sin salida de sus pensamientos. Tomó la roja cinta marcadora y abrió en la página 245, la del cuarto cuento. Releyó: “Luciano Apuleyo nació en Madaura hacia el año 125 antes de J.C. Continuó la lectura pero perdió contacto con el texto hasta que volvió a él cuando se dibujó en su retina la frase: ...”los amores del dios Amor y la doncella Psique”. Con mucho más cuidado casi deletreo la siguiente oración: ...”Es un poema de la idea platónica sobre el destino del alma (en griego Psique) que llevada por el deseo (en latín cupidítas, del que toma el nombre Cupido, dios del amor), somete su propia felicidad a duras pruebas, hasta que consigue la paz por el conocimiento. Al continuar leyendo: ...”en su tiempo, una postura escéptica ante los mitos y dioses de la religión oficial, ya envejecida”... sintió una triunfante emoción, ¡eran sus propias ideas y luchas!

Por un instante su cansancio y la dramática situación que la esperaba, se diluyeron en ese fuego arrasador que le hacía sentir todo lo decadente, y que como tal se transformaba en injusto .Ella, como pocos, consideraba así, ese mundo que la rodeaba. Allí mismo donde le tocaba ejercer un contradictorio lugar de dominio y sufriente entrega. ¿Alguna vez iba a poder comprender la miríada de contrapuestos personajes de los que ella se componía?...

Retornó a la lectura y se encontró releyendo a propósito del dios del amor amando, a una doncella que no pertenecía al lugar de los dioses. La chispa de su alma se encendió una vez más cuando pensó en el reto que ese amor significaba... ¿Cuántos retos a los dioses de turno había ella encabezado? ¿Acaso sería por eso que sentía esa cercanía con aquella doncella griega que no por casualidad Apuleyo llamó Psique?: alma; de heroína, de lucha por el amor, por el conocimiento y transgresora de las divisiones entre los de arriba y los de abajo. ¿Tal vez esa “Alma” tenía el color de su misma alma en un mundo de apariencia tan distinta? Lo cierto es que ese relato la atrapaba con una fascinación que la poseía, desafiando cualquier explicación. Un hechizo que... esta vez comenzaba a tener algún sentido en el telar de su destino.

Nunca le había mostrado a él, su terreno amor y compañero de batallas, ese cuento. Ella creía que no era de las que entregaban el alma... ¿Sería por eso?

El aroma del texto y su singular propuesta volvieron a seducirla. ¿Porqué el mismo dios cupido había elegido a “Psique”, aquella doncella humana (o plebeya como solía decirse en aquellos tiempos) para amarla, darle un especial lugar junto a él y desafiar a los dioses? Un perceptible sobresalto en su pecho fue acompañado de imágenes de su propia historia, se le presentaban como en cascada. De las tumultuosas asociaciones emergió el interrogante: ¿Por qué en este caso, ella la elegida?... Lo que ahora importaba era cómo estar a la altura de esa dignidad, pero, sobre todo como buena pasional ¿De qué manera responder a su pasión?

Al igual que Psique ella había pasado muchas pruebas. Psique...”después de cruzar la boca del infierno, de pasar en silencio ante el arriero cojo, de pagar al viejo la travesía del río... de no hacer caso de los engañosos ruegos de las tejedoras... Sin aceptar el asiento muelle ni manjar delicado... contentándose con un mendrugo de pan modesto... expuso la embajada que traía de Venus”... “Cupido haciendo volar sus alas restauradas por el reposo con mucha más presteza que antes... acude a socorrer a su Psique”. Psique insistió en su camino para encontrar el objeto de su pasión, el deseo de su alma, representado en el mito por el mismo Cupido, a quien había herido en su desconfianza.

Fue en ese instante en el que nuestra actual heroína se preguntó: ¿Cuál es el deseo de mi alma, mí Cupido? ¿Cuáles errores he cometido en mi desconfianza y a quienes he herido? A su cuerpo no había ninguna duda; este, agotado y enfermo la abandonaba en su búsqueda. ¿Tal vez su desconfianza y su obstinada resistencia tenían que ver? ¿Cuál sería una posible reparación, cuáles los caminos a elegir para encontrarse con el “deseo de su alma?” ¿Cuál la respuesta al pedido de tantos... que tanto de ella esperaban?...

¡Sra. Eva! ¡Sra. Eva!, dulce firmeza la de Blanquita que interrumpió la secuencia de interrogantes. La están esperando tiene que salir al balcón, la plaza clama por usted. Sin sospecharlo, Blanquita había interrumpido el esfuerzo de Evita tratando de reconstruir y conformar, aquel mundo en el que se sentía sumida en un tumulto de realidades y vivencias.

Salió al balcón como otras tantas veces, hoy, el clamor dibujó en la mirada de su alma, unas acogedoras alas que venían en su búsqueda. Mientras hablaba, su corazón comprendió el mensaje de la visión, ellos eran, “el deseo de su alma”. No necesitaba buscar, sólo encontrar la mejor manera de aceptar su destino y cumplir con él, en ellos.

Aunque se la veía quebrada por el dolor de la enfermedad, el que pudo abstraerse del contexto terreno de ese cuerpo emanciado y dolorido, hubo de reconocer, tal vez en el tinte de su mirada, la vivencia de Evita. No importa lo que pensaba, estaba protegida por las alas del Amor que había vislumbrado. Ese matrimonio pertenecía a un lugar por ella elegido y ganado, ya nada podía separarla de él, de ellos. Quizás por eso no podía seguir estando “aquí” en donde todavía las separaciones y las divisiones reinarían por los años de los años.

Creo que ella lo sabía y no lo había aceptado, tal vez por eso, ese doloroso sentimiento de la repetida injusticia, la había carcomido y enfermado.

También creo que “al final”, justo a tiempo, comprendió que las heroínas no pueden evitar que los seres humanos aprendan según sus tiempos y que los errores no sean patrimonio de algunos, sino de todos.

Tal vez, las personas destinadas al camino de los héroes, sean los encargados de ir diseñando los mapas de rutas que tardarán en descubrirse.

Cuanto más fuerte, claro y reconocido es el “deseo del alma”, el sentido de esa vida se entreteje con el de la naturaleza de “La Vida misma”; y así se realiza. Si tiene éxito, se es una heroína o un héroe, sea una cocinera o un líder de masas.

¿Cómo descubrirlo? ¿Cómo elegirlo?; seleccionando “el deseo del alma” que más corresponde a nuestra integridad, o sea, el que realiza más aspectos de nuestro ser en una conjunción armónica abierta a su propia evolución.

Eva con nombre de iniciadora de linaje humano modeló una imagen de misión creadora de un mejor destino. Si en ese modelo nos inspiramos, el aliento del sentido de nuestra alma se cristalizará en el destino, de cada uno, para el bien de todos.