PENSAR ES ENGENDRAR y CONCEBIR

Al decir de Jorge Luis Borges: “el pensamiento más fugaz obedece a un dibujo invisible y puede coronar, o inaugurar, una forma secreta”. ¿¡Qué más y mejor que esto se puede decir de la capacidad generadora del pensar!?

El dibujo invisible es el hecho del pensar que compone una figura que todavía no había sido revelada. Así comienza una nueva existencia.

Cuando Gandhi dijo “la no violencia es la más grande fuerza que la humanidad tiene a su disposición”, inauguró un nuevo mundo. Cuando decimos mañana me levanto a las ocho de la mañana le damos una naciente conformación a nuestro universo. Estamos constantemente formando o reformando nuestro mundo.

Esas formaciones se generan por la confluencia de formas ya existentes que se van entretejiendo, combinando e integrando de tal manera que la consecuencia es algo nuevo que incluye lo preexistente. Por ejemplo en la frase de Gandhi existen de forma velada convicciones, creencias, sensaciones, acciones… de las cuales la de la “no violencia” y su fuerza son las más evidentes y las que sentimos que mejor identifican el pensar de Gandhi. También podríamos decir citando a Isaac Asimov en Crónicas de Futuro: “¡no sé cómo lo hago!... pero lo vengo haciendo…..es la gloria de la mente humana: puede hacer cosas para las cuales todavía no hemos sido capaces de escribir las reglas”. Es más, por mi parte, he pasado décadas tratando de descubrir y escribir sobre las reglas del pensar, y, muy poco puedo decir de ellas. No obstante sigo insistiendo en que pensemos sobre cómo y qué hacemos cuando pensamos, así tendremos formas de elegir cómo pensar a la vez de en qué pensar. Abriremos posibilidades de pensar mejor.

Cuando me dedico a estudiar el pensamiento de una persona, o, en mis investigaciones, el de cientos de personas, siento que palpo o rozo esa “gloria” o ese milagro del pensar generador. Alrededor de esas vivencias y percepciones, reflexiono. En el hecho de vivirlas, describirlas y estudiarlas en múltiples situaciones, se consolida alguna manera de validez y confiabilidad. Así voy generando un mundo del pensar sobre cómo pensamos los humanos; pues hasta ahora nos dedicamos con más frecuencia a tratar de hablar sobre qué pensamos, sobre el contenido. Eso es, principalmente, a lo que se le llama información. ¡Y los contenidos nos van inundando! Hay que saber muchas cosas y sabemos muy poco de cómo saber, de lo que es bueno saber, de lo que no es conveniente saber. O sea aprender a elegir cómo saber y qué saber. ¡Probemos cada día hacer esa elección! Creo que nos vamos a sentir aliviados y crecidos por dentro.

Volvamos ahora a ese acto de generación que es el pensar y sus características o propiedades. El cerebro integrado a la función psíquica está siempre en actividad, aún durante las horas de sueño o reposo. La actividad básica se enriquece y se fecunda con aportes de su entorno produciéndose un circuito-red de procesos de transformación en constante regeneración.

El pensar es un compuesto integrado, parafraseando a Borges “un dibujo invisible”, que es engendrado en el mundo psíquico y engendra a su vez nuevos procesos que pueden ser creativos o repetitivos, pero son otros en la secuencia. Se pueden diferenciar imágenes, percepciones, ideas, sensaciones y emociones, acciones y otros procesos que fecundan cada vez, un mundo renovado. Esa reformulación siempre conserva algo de lo anterior e incluye en mayor o menor medida creaciones y novedades. Es fruto y será semilla. Secreto o a veces es forma, que, desde la química de las células hasta el acto del destino, va dibujando nuestro mundo viviente.

Desde la acción más insignificante hasta un complejísimo proyecto fueron “concebidos” en el pensar de alguien, antes o junto con su expresión o manifestación. En esa manifestación podemos percibir el dibujo del pensamiento que la engendró, es decir, la dimensión conceptiva del pensar.

Un estudio realizado por la Universidad Collage, en Londres, mostró que en los taxistas londinenses la parte posterior del hipocampo estaba agrandada, en comparación con los individuos que no realizaban el entrenamiento para ejercer ese oficio. A la vez se observó que la parte anterior de esa zona del cerebro tenía un tamaño menor que la del promedio. Eso parece sugerir que el esfuerzo realizado por los taxistas para construir un mapa mental de la ciudad ha reclutado para su propósito regiones vecinas del cerebro. El proceso de aprendizaje de los taxistas que entrenan por años pensando en las calles y mapas de la ciudad genera una nueva forma en el cerebro. O sea que hay un circuito de generación, que crea un nuevo taxista en las calles, y, junto con ello, nuevos circuitos en el cerebro del hombre que ejerce la función. Ambas transformaciones se realizan en el complejo proceso, que realiza el taxista, en el cual el pensar tiene la palabra. Se engendran mutaciones en un circuito en el que estan interrelacionados el interior y el exterior de la persona que los genera.

Ante estas reflexiones vuelvo a recordar una frase de Jorge Luis Borges: “he cometido un acto irreparable, he establecido un vínculo”. Cuando el pensar establece la ligazón entre formas y contenidos engendra una nueva trama que modifica y transforma la interrelación con el mundo: “Y el verbo se hace carne”. Se ha generado una nueva concepción.